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El desastre de la mediación en Aragón

Articulo publicado en Heraldo de Aragón en sección de Opinión en Marzo 2019

Esto no puede seguir así. Termina otra legislatura y el estado de la mediación en Aragón es lamentable. Una comunidad autónoma que comenzó siendo pionera en la instauración de prácticas restaurativas, termina una legislatura más sin rumbo, sin estrategia, y con un páramo de iniciativas vacuas que nos ha llevado a la cola de España en el desarrollo de políticas de Justicia Restaurativa.

En el año 2005 se constituye la Asociación ¿hablamos? para establecer en Aragón prácticas de mediación penal, en el que víctima e infractor pudieran, a través del diálogo, encontrar una reparación moral y material, la primera, y la asunción de la plena responsabilidad del delito, la segunda. Fuimos en aquel año, de la mano del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, la cuarta comunidad autónoma en España en establecer un servicio de mediación penal intrajudicial. En el año 2010, el propio Gobierno de Aragón firma con nosotros, con el CGPJ y con la Fiscalía, un convenio para la extensión de la mediación penal al conjunto de Aragón.

La Dirección General de Justicia e Interior del Gobierno de Aragón comenzó la legislatura con la publicación de una convocatoria de subvenciones para el impulso de la mediación intrajudicial, convocatoria de la que excluyó a las entidades sociales que veníamos prestando estos servicios, ignorando así los propios convenios firmados por el Gobierno de Aragón. Tuvimos que comparecer en la Comisión de Peticiones y Garantías de las Cortes de Aragón, para obtener el acuerdo de todos los partidos para no ser excluidos de la convocatoria de dichas subvenciones. Y así fue, la Dirección General rectificó en la convocatoria de 2018 e incluyó a las entidades sociales entre las destinatarias de su acción. La Asociación ¿hablamos? concurrimos y obtuvimos la adjudicación de la mediación penal intrajudicial en todo Aragón, para lo cual recibimos una subvención de 34.000 euros.

El resultado de esta convocatoria es que la Asociación ¿hablamos? ha realizado en el año 2018 más de 50 mediaciones, record de toda la historia en esta comunidad, abarcando tanto las capitales de provincia como los partidos judiciales rurales, y todo ello gracias a una labor ingente de información, sensibilización y formación de las diferentes oficinas judiciales y operadores jurídicos. A lo largo de todo este tiempo nos hemos encontrado con la máxima indiferencia por parte de la Dirección General, como lo acredita el no haber tenido respuesta alguna a los informes que voluntariamente remitimos a la Dirección General sobre la evolución mensual del proyecto subvencionado.

La convocatoria de 2018 sólo alcanzaba de Enero a Septiembre de ese año, la Dirección General dijo entonces que quien quisiera mediación tenía que acudir al beneficio de justicia gratuita, aún a sabiendas que, en toda la historia de este servicio, jamás se ha derivado una mediación por esta vía. La Asociación ¿hablamos? decidimos que, en tanto no se convocaran nuevas subvenciones, seguiríamos prestando el servicio a nuestra costa, como lo habíamos hecho en nuestros catorce años de existencia. La nueva convocatoria para 2019 se realiza en Diciembre de 2018, con periodo de ejecución Diciembre 2018-Septiembre 2019 (sic), y aún a día de hoy, Marzo de 2019, no hay resolución expresa, a pesar de que ya hay resolución provisional comunicada a todas las entidades. Resolución provisional que nos otorga la mitad de la cantidad concedida en 2018: es decir, que cuando hemos extendido la mediación penal como nunca antes en Aragón, en vez de apoyarla financieramente se restringe a la mitad…

La puntilla a todo este desaguisado nos llega con el resultado de la aprobación de la liquidación de la subvención del 2018, en el que se nos reconoce sólo la correcta justificación del 40% de los gastos. Algo inaudito ya que en nuestros catorce años de historia, todas las ayudas que hemos recibido han sido justificadas al 100% sin problema alguno. Otro desastre más.

Esta comunidad requiere de estrategia y de seriedad en la implementación de la mediación penal en Aragón, pero este no es el camino. Algo habrá que hacer, y desde luego nosotros no vamos a reblar para conseguirlo. Está en juego nada más y nada menos que la Justicia Restaurativa en Aragón.

Carlos Piñeyroa Sierra.

Presidente de la Asociación ¿hablamos?, asociación para la mediación penal, penitenciaria y gestión de la convivencia en Aragón.

Publicado el 26/03/19    // Temas: Sin categoría

Diálogos apreciativos

Artículo publicado en Heraldo de Aragón, sección de Opinión en Febrero 2019

¿Nos sentimos orgullosos de nuestro país, España? ¿reconocemos los avances que se producen y los visibilizamos para lanzarnos a nuevos retos? O más bien al contrario ¿creemos que este país es un desastre y que más que avanzar retrocedemos?. La España cainita, los intereses creados, las luchas de identidad, muchas veces nos hacen perder el norte. Sin embargo, sí, hay razones para la esperanza en este país.

Desde el punto de vista político y si acudimos a los indicadores cualitativos, podemos advertir cómo sólo cuatro países del G20 (Canadá, Australia, Alemania y Reino Unido) puntúan mejor que España en el índice de democracia que mide anualmente la Ong americana Freedom House. Detrás de España quedan países como Francia, Bélgica, Italia y Portugal. Más aún, según Democracy Index de The Economist sólo existen 20 democracias plenas en el mundo y España es una de ellas. Nuestro país obtiene un 8,08 en este estudio que evalúa aspectos como el pluralismo político o las libertades civiles de 143 estados.

Desde el punto de vista económico, somos la decimocuarta potencia económica del mundo, según el FMI. Las cifras macroecónomicas no dejan de mostrarnos que hemos recuperado la senda del crecimiento, si bien es cierto sobrevive el problema general de la desigualdad creciente, y se otea en el horizonte un posible enfriamiento de la economía por la incertidumbre comercial. Pero seguimos creciendo por encima de la zona euro, y nuestra tasa de desempleo ha dejado lejos los cinco millones de parados del año 2013 para acercarse a los tres millones en 2019, con perspectivas de seguir creando empleo.

Entonces ¿por qué la vida política y social de este país está tan exacerbada?, uno llega a tener la sensación de que nada de esto importa, y que da igual cual sea la realidad que vivimos, que los españoles estamos anclados en una “realidad virtual” que nos impide apreciar nuestra propia realidad. Quizás sea porque seguimos viviendo en un país de polarizaciones. A mí, personalmente, me sigue sorprendiendo la facilidad con la que políticos y personas de la calle, nos enrocamos en determinadas posiciones que impiden de toda manera el diálogo constructivo. En esta concepción cuadrilátera de la vida, construir consensos resulta muy difícil y lo fácil, sin duda, es la confrontación permanente. Y me temo que nuestra historia nos muestra que esto es cultural, la esencia de nuestro adn, a garrotazos, que diría Goya.

En este contexto vienen a mí los Diálogos apreciativos, una metodología de trabajo orientada a organizaciones y sociedades, que plantea la construcción del futuro desde el reconocimiento del pasado y el presente de una sociedad, potenciando las fortalezas y arrojando luz sobre las carencias, para poder abordarlas en un futuro próximo desde la colaboración y el aprendizaje colectivo. Si fuéramos capaces de apreciar lo que tenemos como país, si nuestros políticos se empeñasen más en evidenciar a sus electores lo conseguido entre todos, más que soliviantarnos con sus guerras estériles y fratricidas para denostar al otro, si nosotros como ciudadanos nos reconociéramos como artífices de este país y no como meros espectadores del cuadrilátero político y económico, viviríamos más felices, y sin duda llegaríamos más lejos. En estos momentos cruciales de la evolución de la sociedad, abordar con seriedad el problema de la desigualdad, del cambio climático, de los flujos migratorios, de la revolución tecnológica, de la propia educación,… reclaman de nosotros todos nuestros esfuerzos y nuestro compromiso. Y hacerlo desde una visión apreciativa, de reconocimiento, para impulsarnos hacia estos retos, seguramente será más productivo que seguir perdiendo el tiempo en esa “España virtual” que en modo alguno se corresponde con la realidad, y que nos lastra y nos estanca, sin capacidad alguna para avanzar y ser dueños de nuestro destino, embebidos como estamos en un rifirrafe permanente que nos aleja de lo verdaderamente importante.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Innovación abierta de Grupo Init. Freelance en innovación en dirección de personas

Publicado el 26/03/19    // Temas: Sin categoría

Moderación

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Enero de 2019 en la sección Tribuna

La ONU ha declarado 2019 el año internacional de la moderación. Razón no le falta. Vivimos en una sociedad, tanto mundial, europea, y española, que de un tiempo a esta parte no nos concede descanso en lo que a situaciones conflictivas se refiere.

Por aquello de las pasiones personales y lo que la vida te pone delante, he tenido la oportunidad de experimentar, como mediador en conflictos penales entre víctimas e infractores de delitos, durante los últimos quince años de mi vida, el valor de la palabra como catalizador de nuestra humanidad. La palabra, el diálogo, nos humaniza. Vivimos en tiempos de polarizaciones, de enrocarse en las posturas personales, políticas, sociales…que hacen muy difícil que ese diálogo se produzca, o incluso que la palabra no sea considerada arma arrojadiza, en vez de instrumento de encuentro.

Por eso la moderación que reclama la ONU es más que necesaria. Moderación en la política, no sólo en las posturas burdas de quienes niegan la entrada de otros semejantes poniendo más fronteras y límites físicos, sino de la sutil también de quienes ponen límites y barreras al diálogo, excluyendo así de principio la oportunidad de interactuar con el otro, olvidando que precisamente es ese roce que la palabra provoca, tanto físico como intelectual, y si me apuran, espiritual, el que hace que los extremos encuentren la centralidad del acuerdo o del mínimo común múltiplo. Excluir del diálogo a alguien por el hecho de pensar diferente, no es moderado.

Moderación en la economía, sacudiéndonos de una vez por todas ese consumismo atroz que está llevando a que el planeta agote sus recursos para satisfacer a unos pocos y dejar en la escasez a muchos. Consumismo voraz, excesivo, y desproporcionado que ha llevado a H&M, (como seguramente también a otras grandes textiles internacionales) a reconocer que tiene ropa no vendida por valor de 4.500 millones de dólares en sus almacenes, procedentes de colecciones desfasadas (que rotan cada mes o dos meses) y que tendrá que proceder a destruirlas o quemarlas para generar energía, porque no las puede colocar en el mercado. Prendas por valor de 4.500 millones de dólares: ¿saben la energía y materias primas que han consumido y que no servirán para nada? ¿saben la contaminación generada por esa industria textil que demanda de nosotros un consumo voraz, que produce vorazmente y que destruye igualmente vorazmente para asegurarse que compraremos sus nuevas prendas, que obviamente volverán a no venderse?.

Moderación en lo personal. Hemos olvidado la mirada interior. Surfeamos en las redes sociales nuestra vida de manera permanente. Las redes, cada vez más, usan la palabra como arma arrojadiza, como si en vez de contar lo bello, lo importante fuera criticar al otro, responder zafia y burdamente respecto de quien no opina igual que nosotros. Quizás deberíamos de dejar de escribir palabras huecas, hirientes, o imágenes perfectas, éxitos fulgurantes en nuestras redes, para mirarnos internamente, descubrir nuestros silencios, nuestras carencias, nuestras palabras honestas y sinceras, y recuperar un poco de ese yo, que mire al otro con compasión, sin juzgarle, o al menos hacerlo en la misma medida que nuestra fragilidad nos permita honestamente.

Quizás sea el momento de reconocer que nuestros pensamientos extremos, al fondo de nuestro cuadrilátero personal, no son útiles, y que ser compasivos con nosotros mismos y con el otro, puede ser una buena oportunidad, para que en lo personal, en lo económico y en lo político ocurran cosas diferentes. De eso se trata, de hacer que la palabra nos humanice y nos regrese al estadio en el que dialogar sea un instrumento de paz y de moderación. Escuchemos a la ONU, nos jugamos mucho.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Innovación abierta de Grupo Init. Freelance en Innovación en dirección de personas.

Publicado el 17/01/19    // Temas: Sin categoría

Todo cambia

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Diciembre 2018, en sección Tribuna de Opinión.

Vivimos en un mundo volátil, incierto, complejo, y ambiguo cuya seña de identidad es el cambio permanente y las crecientes dificultades para anticiparlo e interpretarlo.

No estamos al final de un ciclo, sino en un reseteo de la economía. La economía basada en el productor (producer-driven economy) está dejando paso a la economía centrada en el cliente (customer-centered economy) en el que las compañías están obligadas a desarrollar relaciones permanentes con el cliente (escuchándoles, adaptándose y respondiendo a sus necesidades).

En la medida que los servicios no son procesos, sino relación, introducen a los clientes dentro de sus operaciones, lo que genera una enorme complejidad y variabilidadque hacen muy difícil que sean planificadas de antemano. A ello añadimos una tecnología omnipresente que acelera más, si cabe, esta interacción, incrementando la complejidad y variabilidad. Todo ocurre más rápido y más intenso que nunca.

Para hacer frente a esta complejidad y variabilidad,hemos evolucionado de organizaciones epicéntricas, a lo que yo llamoorganizaciones laterales, de interacción y centros de decisión en el extremo, porque las empresas tienen que encontrar modos para acomodar la diversidad en el extremo de su organización, allá donde las personas y los sistemas interactúan directamente con clientes, partners, y proveedores.

La complejidad de la nueva economía interdependiente, de trabajo en red, crea un paisaje ambiguo, incierto y competitivo. Las compañías deben ser suficientemente flexibles y sencillas para responder rápidamente a los cambios en sus entornos, o podrían correr el riesgo de desaparecer. Como decía Jack Welch, CEO de General Electric “Si el cambio que ocurre fuera es más rápido que el cambio que se produce dentro, el final está próximo”.

Las características por lo tanto del contexto en el que vivimos hablan de complejidad, variabilidad, estado líquido e incluso gaseoso, y enorme dificultad para la anticipación y la interpretación del cambio. En definitiva, como dice Carlos Barrabés estamos ante “un mundo que nos despoja de la linealidad, de la tautología causa-efecto para adentrarnos en un nuevo escenario líquido, configurado como una red de infinitos puntos conectados de infinitas maneras distintas, un mundo sin principio ni fin, en una relación tan imbricada que es imposible de aprehender y abarcar, el mundo de la complejidad”.

Ante esta situación una parte importante de las compañías han redescubierto el sentido del propósito como norte en medio de un contexto en permanente cambio. En un contexto donde todo cambia y es efímero, el propósito se convierte en una de las pocas certezas sostenibles en el tiempo. No importa tanto lo quehacemos, ni siquiera cómolo hacemos, lo que importa de verdad es para quéhacemos lo que hacemos. Y esa fuerza del propósito, permite conectar a las personas de las organizaciones con su mayor fuerza de trabajo: la motivación intrínseca y el propósito personal. Se advierte así, que la única manera de ser capaces de afrontar un cambio tan rápido y tan intenso no es alineando el qué y el cómo, sino el para qué. Sólo esa conexión será capaz de desplegar una acción continua y perseverante que permita gestionar y afrontar el cambio en el que nos movemos. Los contextos líquidos nos requieren de nuevas estructuras y comportamientos más profundos y menos superficiales.

Propósito y compromiso devienen como las dos claves para dar norte en tiempos de complejidad, variabilidad, incertidumbre, y estado líquido. Cuando a tu alrededor todo es incertidumbre, el propósito y el compromiso son certezas que marcan dirección y ofrecen seguridad. Sabemos quiénes somos, sabemos para qué existimos, nos comprometemos con ese destino, y surfeamos con flexibilidad los embates del contexto líquido.

Este nuevo paradigma lleva a que las compañías no funcionen ya como máquinas (algo deseable y promocionado durante años) sino como organismos vivos. Tres características son propias de estos organismos vivos: son organismos con movimientos adaptativos al contexto basados en la experimentación y el feedback, son organismos que aprenden de esa adaptación, y son organismos que se mueven desde el propósito y la motivación intrínseca.

Todo cambia. Es tiempo de acompasarnos con ese cambio, y manteniendo el norte (propósito y motivación intrínseca), ser capaces de adaptarnos a él y aprender. Nos va en ello todo lo que somos hoy…  y la posibilidad de ser mañana.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de InitLand, Innovación abierta de Grupo Init

Free Lance en Innovación en la Dirección de Personas

Publicado el 7/12/18    // Temas: Sin categoría

Las mejores empresas para el mundo

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Octubre en la sección Tribuna de Opinión

¿Te gustaría poder comprar tus productos o servicios en una empresa que te asegura que todas las decisiones que toma garantizan un respeto a la comunidad, al planeta, al medioambiente y a sus propios trabajadores? ¿te gustaría recibir productos o servicios de una empresa que se define, y se muestra, no como la mejor empresa del mundo, sino como la mejor empresa para el mundo?. Si tu respuesta es afirmativa, tienes que seguir leyendo este artículo. Si es negativa…también.

Según el “Global Survey on Corporate Social Responsability”  el 43% de los consumidores globales estarían dispuestos a pagar más por un producto o servicio que apoye una causa social o medioambiental.  Para quienes sean escépticos con este tipo de encuestas o con la posibilidad real de que esa preferencia se convierta efectivamente en una decisión de compra, ahí va un dato de negocio determinante: la revista Forbes  acaba de publicar que el retorno de la inversión de las marcas que trabajan con un propósito social y medioambiental, y respetuosas con la comunidad, ha sido durante los últimos 10 años, de un 1025% frente al 122% de las empresas que pertenecen al índice Standard & Poor´s 500. Voilá, el consumidor elige y las empresas responden.

Venimos de una larga historia en esto de vincular negocios y ética. Empezamos hace muchos años con lo que se denominó “marketing con causa” en el que las compañías asociaban su marca a causas benéficas. Un ejercicio de marketing que con el paso del tiempo se denostó por su carácter poco sustantivo. En su versión moderna el “marketing con causa” se ha transformado en lo que se conoce, y se critica igualmente mucho, como “green wash” o lavado de cara verde, que muchas compañías están realizando para empezar a tener un atributo verde en su posicioamiento. Continuamos con la Responsabilidad Social Corporativa, la famosa RSC, que comenzó a meter en el corazón del negocio la preocupación por la comunidad y el medioambiente. Hoy ambas fórmulas están totalmente superadas por nuevos modelos, más comprometidos, más profundos, y sin duda mucho más exigentes. Hablo del capitalismo consciente y de las empresas BCorp. Como dice Xavi Roca-Cusachs, fundador de Humanleadership.net, el capitalismo consciente es el quéy las BCorp es el cómodel nuevo y necesario comportamiento de las empresas.

Las empresas BCorp, son empresas que no sólo pasan un proceso de auditoria para poder certificarse como tales, sino que para poder hacerlo deben trasladar a sus estatutos el compromiso de que ninguna decisión empresarial puede ir en contra del planeta, de la comunidad, del medioambiente y de los trabajadores. BCorp se ha convertido en un movimiento que, con orígenes en Estados Unidos, se ha extendido por todo el mundo hasta el punto de que no sólo el país americano sino otros países como Colombia o Italia han realizado legislaciones que estimulen a sus empresas a convertirse en BCorp. Forman parte del movimiento BCorp empresas como Danone, Patagonia, Bens&Jerry, y las españolas Ecoalf, Ethikos, o Alma Natura. Nos encontramos sin duda en el movimiento que cambiará la forma de entender los negocios en el siglo que todo lo está cambiando.

El próximo 7 de Noviembre se celebra en el auditorio de Etopía en Zaragoza el BCorp Day, encuentro nacional de empresas BCorp en España, organizado por BCorp Spain y BCorp Lab, y que, abierto al público, será una enorme oportunidad para conocer este movimiento y sus valores. Necesario para empresas y para consumidores. Nos jugamos mucho de nuestro futuro en cómo será el consumo y las empresas de los próximos años. Empecemos por apostar por las mejores empresas para nuestro mundo.

Carlos Piñeyroa Sierra.

Director de Init Land e Innovación Abierta de Grupo Init. Free Lance en innovación de dirección de personas.

Publicado el 5/11/18    // Temas: Sin categoría

Servicios públicos 4.0

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Septiembre en la sección Opinión Tribuna Abierta

No tengo coche. Viajo en transporte público. Y viajo bastante. En Madrid ya sólo uso Cabify. En Zaragoza, por razones obvias, sólo uso el taxi. He tenido en ambos casos experiencias agradables y no tan agradables. Nada es blanco o negro, todo tiene sus matices. De Cabify, y el resto de compañías bajo licencias VTC, me quedo con su capacidad para fijar el precio de antemano, de conocer los tiempos de llegada, de la posibilidad de valorar al conductor, y sobre todo, por encima de todo, la experiencia de cliente. De los taxis me quedo con el conocimiento de la ciudad y su manejo de la misma para encontrar las mejores soluciones de movilidad llegado el momento de los atascos o las prisas. De Cabify no me gusta que, en cuanto han empezado a crecer, en algunos casos esa experiencia de cliente se ve resentida por una rutina que empieza a perder sus signos distintivos (ofrecer agua, preguntar si la temperatura es de tu agrado, preguntarte por la emisora que quieres escuchar,…). De los taxis no me gusta en general la experiencia de usuario (todo lo contrario del anterior…) y el hecho de que un mismo trayecto (en mi caso muy habitualmente desde mi casa a la estación del AVE) me cueste cada vez un precio diferente, con diferencias abrumadoras de hasta cinco euros por trayecto. En definitiva, tengo claro que, para mí, hoy por hoy, abiertas las dos puertas del coche, yo elegiría Cabify.

Pero todo esto como pueden suponer son mis gustos. Los míos. No se los puedo imponer a nadie. Pero, aún con todo, soy pieza fundamental de este puzzle. En la llamada guerra del taxi he transitado de ser el cliente, a ser la víctima. Pero no soy la víctima del taxi o de las compañías bajo licencia VTC. Soy la víctima de la nuestra Administración, de nuestro Gobierno.

La movilidad ciudadana es una materia sujeta a regulación. Son ya muchos años en los que la tecnología ha entrado de manera disruptiva en la forma en la que, hasta hace pocos años, nos desplazábamos. La tecnología ha sido y es un elemento de cambio de muchos modelos de negocio tradicionales. Estamos viviendo, y viviremos una enorme revolución. El cambio es todavía mayor, si, a la tecnología, le añadimos el enorme poder que hemos acaparado los clientes al exigir en la prestación de servicios un rol más protagonista, hasta el punto de derivar en el concepto de prosumer, o aquel que le dice a la compañía cómo quiere que se le presten los servicios que va a recibir. Tecnología y experiencia de cliente lo están cambiando todo.

Y ahí, lo que resulta inadmisible es que la Administración, a la hora de dilucidar sobre fórmulas de gestión de este cambio radical, se plantee, cómo únicos parámetros de decisión, la satisfacción de intereses corporativos, de unos y de otros, en vez de preguntarse qué es mejor para el ciudadano, qué es mejor para el destinatario final del servicio público de movilidad. Y más aún cuando esos intereses corporativos son confusos y alambicados, como ha puesto de manifiesto las informaciones aparecidas sobre que una parte importante de las VTC fueron compradas por taxistas, o que hay un alto negocio especulativo en el entorno de la compra de licencias VTC y de las licencias del taxi, que no lo olvidemos, ambas son licencias de servicio público, que luego son vendidas a precios millonarios, como si de propiedad privada se tratara.

Si hay algo propio de la vieja política, es pensar que, en un mundo que cambia tan rápidamente, la legislación debe seguir sirviendo a los mismos centros de interés. Necesitamos una política, una administración, 4.0, que considere la gestión de lo público como un proyecto emprendedor, innovador. Que sea capaz de experimentar, de iterar el proyecto preguntándole al cliente-ciudadano si el servicio le satisface y de no hacerlo, cómo puede mejorarlo. Y sobre todo, que incorpore la dualidad tecnología-experiencia de cliente como parámetros de ese servicio. Necesitamos que la gestión de los servicios públicos se aleje cada vez más de la satisfacción de centros de interés corporativos, y se centre en la ciudadanía y de lo que esta ciudadanía está hecha en cada momento. Porque ¿realmente creen que al ciudadano le importa si hay una o veinte licencias VTC? Al ciudadano lo que realmente le interesa es que el servicio público de movilidad se preste en las mejores condiciones posibles, adaptado a los cambios que ya vive en su vida cotidiana, y mejorando de manera permanente tanto su experiencia de cliente como las ventajas tecnológicas que lo hagan más sencillo, cómodo y fiable. Al ciudadano lo que verdaderamente le preocupará es no poder elegir, no poder decidir libremente qué servicio, de los que están en el abanico de posibilidades reguladas, le conviene más o se adapta más a sus necesidades de cada momento.

Una regulación que mira a intereses corporativos es una regulación que engaña al ciudadano, porque hace perder el foco sobre lo verdaderamente importante, que es el interés general y de la ciudadanía. Cuando se reconoce la existencia de una guerra comercial, y lo único que se mira es el interés de las compañías que prestan el mismo servicio, la víctima no es ninguna de ellas, la víctima es el ciudadano a quienes los tres, taxistas, empresas bajo licencias VTC, y Administración pública deberían servir. La tecnología y todo lo que ya sabemos sobre experiencia de cliente debería ser el norte para la prestación de unos servicios públicos que no pueden ser ajenos a la evolución de la sociedad, a la evolución de la propia ciudadanía a la que sirven. Y esto que es aplicable para la movilidad, sin duda, es aplicable para el resto de servicios públicos ¿no creen?.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land y Consultor en Innovación de Dirección de Personas

Publicado el 25/09/18    // Temas: Sin categoría

La generosidad, factor de innovación

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Agosto 2018 en la Sección Opinión Tribuna Abierta

Vivimos en un tiempo en el que las innovaciones son cada vez mayores, y la vida útil de estas innovaciones es cada vez menor, la innovación ha dejado de ser un coste, algo de lo que podías prescindir en tiempos de crisis, para asegurarse su posición como una inversión, algo imprescindible para, como mínimo, seguir donde estás. La regla de la Queen Red Race se hace realidad cada día en nuestras empresas: tenemos que ir más rápido que los demás, y que el propio contexto, si queremos permanecer, cuando menos, en el mismo lugar.

Por eso en este entorno de efervescencia el análisis de los factores que hacen que nuestros equipos, nuestras personas, nuestra cultura empresarial, sea cada vez más innovadora se torna como el hallazgo de la piedra Rossetta, que nos permita interpretar estos tiempos, y encontrar esos factores de éxito innovador.

A lo largo de toda mi vida he ido descubriendo sutilmente como hay un factor que no sólo es determinante para la innovación, sino, para el éxito de los equipos y organizaciones, por lo que tiene de cohesión y de generador de confianza mutua. Ese factor ahora ha sido corroborado por estudios americanos, que de forma empírica acreditan que esta intuición tiene sustento real. No hablo de inversión, no hablo de tecnología, no hablo de capacitación, y ni siquiera hablo de creatividad. El factor determinante para la cultura y el ejercicio de la innovación es la generosidad.

Greg Satell en su trabajo Mapping Innovation, elegido como el mejor libro de negocios de 2017 por 800 CEOs americanos, entrevistó a cientos de personas que, a lo largo de su carrera, habían desarrollado los más diversos productos y servicios que habían supuesto un cambio disruptivo en la sociedad o en el mercado. En todas ellas descubre, sorprendentemente, que fuera del estereotipo de arrogancia y de individualismo, la característica general de todas estas personas es la generosidad y el vivo interés por ayudar de manera desinteresada. Y descubre que, sin duda, la generosidad es un factor competitivo de la innovación. En esta misma línea, Laszlo Bock, ex vicepresidente de personas de Google, narra en Work Rules como el proyecto Oxígeno les llevó en Google a descubrir que, entre las características de los mejores líderes de su organización, se encontraba el dar poder a los miembros de su equipo y mostrar vivo interés por aquello que les ocupa en cada momento, con el ánimo de ponerse a su disposición.

En el ámbito de las relaciones personales o profesionales, la generosidad, es mi opinión, tiene su origen en el autoconocimiento y la curiosidad. El autoconocimiento porque nos permite reconocernos incompletos y necesitados de la complementariedad de los demás. La curiosidad porque es una fuerza que nos desplaza fuera de nuestros límites, con ánimo de experimentación y exploración. Pero fuera de lo que pudiera parecer, la generosidad no es de ejercicio fácil, a pesar de que todos nos definamos como tales. Como decía San Francisco de Asís “tanta paciencia y generosidad tienes como demuestres en tiempos de crisis, y no más”. De ahí que una buena prueba del algodón en nuestras relaciones personales y profesionales es reconocernos en aquellos momentos en los que alguien se acerca a nosotros para solicitarnos algo, para conocer nuestro trabajo, para compartirlo, o incluso para hacerles un favor…porque esa y no más es nuestra generosidad y por lo tanto nuestra ventaja competitiva cultural para la innovación.

Quienes ejercitan la generosidad a nivel organizacional o personal y profesional, saben que la generosidad es apuesta segura para conexiones improbables y éstas sin duda nos acercan cada vez más a la innovación.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land y consultor en Innovación de Personas

Publicado el 29/08/18    // Temas: Sin categoría

Referentes

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en la sección Tribuna en Julio 2018

Ha caído. Pero por que se ha ido. Mientras estuvo, todo fueron aplausos y aclamaciones. No importaba qué hiciera. Todos perdonaban sus errores. Todos envolvían sus defectos en lo que, en términos de selección de personas, se denomina “efecto halo”, es decir, no importa lo que hagas porque una característica tuya, la que sea, provoca un efecto positivo expansivo respecto del resto de tu comportamiento, de manera que todo de cuanto haces, o dices, está afectado por ese halo. Efectivamente, hablo de Ronaldo, y su salida del Real Madrid tras el mundial de futbol de Rusia. La sociedad española en general, al igual que a otros futbolistas de diferentes colores, le perdonó su fraude a Hacienda, su egocentrismo inusitado, su narcisismo esperpéntico, y su falta de sentido de equipo, en aras de una sacralización de su persona. Mientras estuvo, fue referente para muchos, para casi todos. No importaba lo que hiciera. El efecto halo todo lo podía. Pero ha bastado su salida del club, para que ese halo se rasgara y dejara en evidencia la persona real a quien habían considerado referente durante unos cuantos años. Y ahora todo es denostación, reproches, y arrinconamiento.

Tengo para mí, desde hace muchos años, que la realidad es poliédrica, y que apenas tenemos oportunidad de ver una o dos caras de una misma realidad, tantas como nos permite ver nuestra mayor o menor apertura a la realidad de los otros. Estoy convencido de que hasta el propio Ronaldo tiene caras ocultas que ponen de manifiesto una mayor humanidad, empatía, y sentido de pertenencia a un equipo. Quienes lo admiran realmente, hablan de su sentido de familia, de sus obras benéficas en silencio, y del esfuerzo personal por llegar a donde está desde una infancia dura y difícil. Todo por lo tanto es relativo, y nada es total y absoluto. La realidad siempre es poliédrica.

En la construcción de referentes, cuando eres niño o adolescente la mirada deslumbrada es al todo, no distingues ese carácter poliédrico de la realidad, sino que tomas la parte por el todo y el efecto halo despliega toda su onda expansiva, canibalizando cualquier atisbo de error en quien admiras. Cuando creces en edad, y a veces en sabiduría, aprecias que la realidad es poliédrica y que no todo es blanco o negro. Y precisamente, por esa dimensión holística, que aprecia los detalles y permite ver los recovecos de la vida, te lleva a huir de referentes lejanos, y encuentras en tu proximidad, en tu padre, en tu madre, pareja, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, … los verdaderos referentes de tu vida. Porque necesitas proximidad y cercanía para darle autenticidad a aquello que consideras tu referente. Normalmente la edad despierta igualmente en ti la compasión, por uno mismo, capaz de perdonarte aquello que te disgusta, tus zonas oscuras, aquello que no controlas; y compasión hacia los demás, compasión esta que se despliega normalmente sólo cuando uno se ha sabido perdonar a sí mismo, y ve en el otro la debilidad que uno mismo experimentó en sus propias carnes y fue capaz de perdonarse. Cercanía y compasión se convierten en dos claros aliados de la percepción holística de la realidad.

Por eso me preocupa que como sociedad sigamos estereotipando el efecto halo, especialmente en deportistas, especialmente en el fútbol, por lo que tiene de influencia en nuestros hijos y menores. Acompañar los procesos para descubrir los referentes más cercanos, para apreciar, en cercanía la enorme riqueza de quienes nos acompañan en nuestra vida cotidiana, y educar la mirada, poco  a poco, en la compasión en uno mismo, y para con los demás, quizás nos lleve a entender la realidad de una forma poliédrica, y aprender como sociedad a encontrar nuestros referentes, no por la cualidad que deslumbra, sino por un todo hecho de aciertos y errores, que en su balance total, lo consideremos digno de apreciar. Vale para todo. No sólo para el fútbol.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land y free lance en Innovación en Dirección de Personas

Publicado el 24/07/18    // Temas: Sin categoría

Diversidad mejor que igualdad

Artículo publicado en la Sección Tribuna de Heraldo de Aragón Junio 2018

Hace ya mucho tiempo, el Tribunal Constitucional, en una de las primeras sentencias que interpretaba el derecho fundamental de igualdad, decía expresamente: “Igualdad no significa tratar a todos por igual, sino tratar de forma desigual lo que es desigual”, contraviniendo con ello la extendida y equivocada idea de “café para todos” como paradigma de igualdad. Esta reflexión es tremendamente interesante, especialmente en estos momentos en los que tanto la sociedad, y la empresa, abordan soluciones y programas orientados a garantizar la igualdad.

La definición del Tribunal Constitucional evidenciaba, ya hace décadas, que la esencia misma de la igualdad es el reconocimiento y promoción de la diversidad. No podemos cometer mayor error que considerar que, la igualdad, es tabla rasa para todos. Por supuesto, establecer condiciones que garanticen la igualdad de oportunidades es fundamental, pero siendo necesario, no es suficiente. Es sólo el inicio de una partida que debe terminar en la exaltación de la diversidad.

Me genera mucha inquietud cuando en nuestra sociedad, o en nuestra empresa, se usan narrativas exclusivas de igualdad, y se desarrollan, únicamente, acciones cuyo objetivo es sólo generar la base de la pirámide de Maslow, olvidando el poder necesario y enriquecedor del estímulo de la diversidad. Más aún, en el ámbito empresarial, el estímulo de la simple igualdad es claramente insuficiente en el marco de la innovación, ya que ésta precisa, sin duda, de diversidad y promoción de la misma, para ser capaces de desplegar todo el potencial y curriculum oculto de nuestros profesionales.

Por eso me parece muy importante destacar algunos ejemplos de diversidad en diferentes ámbitos sociales y profesionales que de manera provocadora rompen ese malentendido techo de la igualdad como uniformidad. Recuerdo las palabras de Elena Giner, concejala de Participación del Ayuntamiento de Zaragoza en nuestras jornadas Coordinadas en las que hablaba de la necesidad de construir un liderazgo de la mujer, no para tapar los huecos del liderazgo masculino, sino para desplegar nuevas competencias y estilos en el liderazgo no vistos nunca antes, o en las mismas jornadas Carmen Magallón, Directora del Seminario de Investigación para la Paz, que desde su condición de física, desvelaba como la incorporación progresiva de mujeres a la investigación había abierto nuevas miradas y perspectivas en esta actividad, que había llevado a soluciones innovadoras en ámbitos regentados durante años exclusivamente por hombres.

En el ámbito de la empresa no dejen de conocer La Casa de Carlota estudio creativo que incorpora, en condiciones de igualdad, y potenciando la diversidad de miradas creativas, a personas con síndrome de Down o discapacidad intelectual. O el mismísimo Laszlo Bock, vicepresidente de personas en Google, quien en su libro “Work Rules” apuesta por pagar en salario fijo de manera desigual a profesionales del mismo nivel, rompiendo así el tabú de la equidad interna de todas las políticas retributivas empresariales, porque aboga por no pagar igual a quien es capaz de aportar un mayor valor. No es de extrañar que en la actualidad las compañías más innovadoras sean aquellas que están incorporando perfiles diversos y estimulan el trato diferente a quienes son diferentes, porque la innovación es sobre todo aristas, visiones y vidas diferentes, y oportunidad para evidenciar esa diversidad en espacios horizontales.

No lo olviden, avancemos hacia planes de diversidad y superemos, porque nos hará mejores, los planes de igualdad, que son sólo el primer paso de esta apasionante aventura social y empresarial.

Carlos Piñeyroa Sierra. Director de InitLand y free lance en innovación en dirección de personas

Publicado el 25/06/18    // Temas: Sin categoría

Becas universitarias y cultura del esfuerzo

Artículo publicado en la sección de Opinión Tribuna de Heraldo de Aragón en Mayo 2018

Recientemente el Gobierno de Aragón ha aprobado unas ayudas por las que beca a estudiantes universitarios que aprueben más la mitad de los créditos correspondientes a un curso universitario, para que la segunda matrícula les resulte gratis en aquellas asignaturas que no han superado. De igual manera el Gobierno de España ha reducido en días pasados el nivel requerido para la obtención de becas del Ministerio de Educación, pasando de la exigencia de una nota media de seis a la nota media de cinco para obtener dichas becas.

Estos son sólo dos ejemplos de cómo se está instaurando en nuestra sociedad y política la creencia profunda de que más que promocionar una cultura del esfuerzo, debemos rebajar los estándares de exigencia y de logro de nuestros jóvenes. Para ello se invocan criterios de igualdad y de lucha contra la exclusión. Craso error. Apelar al criterio de igualdad con estas ayudas implica hacer tabla rasa con los jóvenes que peor o más mediocre desempeño tienen en sus estudios, en vez de hacerlo con aquellos que mejores resultados tienen. ¿Se imaginan qué estará pensando aquella persona que esté superando todos los años cada uno de los cursos universitarios, con el único apoyo económico de su familia?. En frente se encuentra a personas que no aprueban todo el curso y se les beca, o que aprueban, con un cinco raspado, y se les beca.

Apelar al criterio de la inclusión social es igualmente engañoso. En la actualidad todas las teorías sobre motivación descartan las retribuciones dinerarias, motivación extrínseca, como elemento de sostenibilidad de la motivación, potenciando sin embargo la motivación intrínseca como fuerza y motor de la acción sostenida en el tiempo. Lean en este sentido el apasionante libro de Daniel Pink “Drive” y verán como las más prestigiosas universidades americanas y europeas no tienen ninguna duda al respecto. Entonces ¿qué es más productivo para la sociedad, becar a jóvenes cuyo esfuerzo y resultados son mediocres, para evitar caer en exclusión, o potenciar la motivación intrínseca para que cada joven encuentre el sentido de su vida y oriente su esfuerzo en la consecución de su logro personal?. Vean el enorme y extraordinario trabajo de las entidades sociales de nuestro país y sus programas de inclusión en el empleo y comprobarán esto que les digo.

Si no potenciamos la cultura del esfuerzo, narcotizamos a nuestros jóvenes. Y lo hacemos con el narcótico de la asistencia, de la mediocridad como norma, y de la falta de asunción de la responsabilidad personal. Algo totalmente contrario a lo que el mundo empresarial y laboral demanda hoy: jóvenes comprometidos con su pasión personal, que se forman más allá de las exigencias del puesto de trabajo, que asumen la superación como crecimiento personal, y que están ávidos de conocimiento personal y profesional, haciendo todos los sacrificios necesarios para lograrlo. Y jóvenes así, créanme, los hay, y muchos.

No se trata por tanto de un problema de igualdad o de lucha contra la exclusión, se trata de en qué creemos como sociedad y cómo lo que hacemos trasluce nuestras creencias más profundas. Me niego a creer, como ciudadano, que la sociedad en la que vivo, considera que sus jóvenes merecen estar asistidos y subsidiados en los niveles, no ya mediocres, sino mínimos en su desempeño. Creo, y lo digo sinceramente, que podemos y debemos exigir más a nuestros jóvenes, porque tienen capacidad más que suficiente, y que debemos premiar el esfuerzo, con altos estándares de desempeño, porque sólo así avanzaremos como sociedad en este mundo tan complejo y exigente.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land

Consultor Free Lance en Innovación y dirección de personas

Publicado el 2/06/18    // Temas: Sin categoría