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Todo cambia

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Diciembre 2018, en sección Tribuna de Opinión.

Vivimos en un mundo volátil, incierto, complejo, y ambiguo cuya seña de identidad es el cambio permanente y las crecientes dificultades para anticiparlo e interpretarlo.

No estamos al final de un ciclo, sino en un reseteo de la economía. La economía basada en el productor (producer-driven economy) está dejando paso a la economía centrada en el cliente (customer-centered economy) en el que las compañías están obligadas a desarrollar relaciones permanentes con el cliente (escuchándoles, adaptándose y respondiendo a sus necesidades).

En la medida que los servicios no son procesos, sino relación, introducen a los clientes dentro de sus operaciones, lo que genera una enorme complejidad y variabilidadque hacen muy difícil que sean planificadas de antemano. A ello añadimos una tecnología omnipresente que acelera más, si cabe, esta interacción, incrementando la complejidad y variabilidad. Todo ocurre más rápido y más intenso que nunca.

Para hacer frente a esta complejidad y variabilidad,hemos evolucionado de organizaciones epicéntricas, a lo que yo llamoorganizaciones laterales, de interacción y centros de decisión en el extremo, porque las empresas tienen que encontrar modos para acomodar la diversidad en el extremo de su organización, allá donde las personas y los sistemas interactúan directamente con clientes, partners, y proveedores.

La complejidad de la nueva economía interdependiente, de trabajo en red, crea un paisaje ambiguo, incierto y competitivo. Las compañías deben ser suficientemente flexibles y sencillas para responder rápidamente a los cambios en sus entornos, o podrían correr el riesgo de desaparecer. Como decía Jack Welch, CEO de General Electric “Si el cambio que ocurre fuera es más rápido que el cambio que se produce dentro, el final está próximo”.

Las características por lo tanto del contexto en el que vivimos hablan de complejidad, variabilidad, estado líquido e incluso gaseoso, y enorme dificultad para la anticipación y la interpretación del cambio. En definitiva, como dice Carlos Barrabés estamos ante “un mundo que nos despoja de la linealidad, de la tautología causa-efecto para adentrarnos en un nuevo escenario líquido, configurado como una red de infinitos puntos conectados de infinitas maneras distintas, un mundo sin principio ni fin, en una relación tan imbricada que es imposible de aprehender y abarcar, el mundo de la complejidad”.

Ante esta situación una parte importante de las compañías han redescubierto el sentido del propósito como norte en medio de un contexto en permanente cambio. En un contexto donde todo cambia y es efímero, el propósito se convierte en una de las pocas certezas sostenibles en el tiempo. No importa tanto lo quehacemos, ni siquiera cómolo hacemos, lo que importa de verdad es para quéhacemos lo que hacemos. Y esa fuerza del propósito, permite conectar a las personas de las organizaciones con su mayor fuerza de trabajo: la motivación intrínseca y el propósito personal. Se advierte así, que la única manera de ser capaces de afrontar un cambio tan rápido y tan intenso no es alineando el qué y el cómo, sino el para qué. Sólo esa conexión será capaz de desplegar una acción continua y perseverante que permita gestionar y afrontar el cambio en el que nos movemos. Los contextos líquidos nos requieren de nuevas estructuras y comportamientos más profundos y menos superficiales.

Propósito y compromiso devienen como las dos claves para dar norte en tiempos de complejidad, variabilidad, incertidumbre, y estado líquido. Cuando a tu alrededor todo es incertidumbre, el propósito y el compromiso son certezas que marcan dirección y ofrecen seguridad. Sabemos quiénes somos, sabemos para qué existimos, nos comprometemos con ese destino, y surfeamos con flexibilidad los embates del contexto líquido.

Este nuevo paradigma lleva a que las compañías no funcionen ya como máquinas (algo deseable y promocionado durante años) sino como organismos vivos. Tres características son propias de estos organismos vivos: son organismos con movimientos adaptativos al contexto basados en la experimentación y el feedback, son organismos que aprenden de esa adaptación, y son organismos que se mueven desde el propósito y la motivación intrínseca.

Todo cambia. Es tiempo de acompasarnos con ese cambio, y manteniendo el norte (propósito y motivación intrínseca), ser capaces de adaptarnos a él y aprender. Nos va en ello todo lo que somos hoy…  y la posibilidad de ser mañana.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de InitLand, Innovación abierta de Grupo Init

Free Lance en Innovación en la Dirección de Personas

Publicado el 7/12/18    // Temas: Sin categoría

Las mejores empresas para el mundo

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Octubre en la sección Tribuna de Opinión

¿Te gustaría poder comprar tus productos o servicios en una empresa que te asegura que todas las decisiones que toma garantizan un respeto a la comunidad, al planeta, al medioambiente y a sus propios trabajadores? ¿te gustaría recibir productos o servicios de una empresa que se define, y se muestra, no como la mejor empresa del mundo, sino como la mejor empresa para el mundo?. Si tu respuesta es afirmativa, tienes que seguir leyendo este artículo. Si es negativa…también.

Según el “Global Survey on Corporate Social Responsability”  el 43% de los consumidores globales estarían dispuestos a pagar más por un producto o servicio que apoye una causa social o medioambiental.  Para quienes sean escépticos con este tipo de encuestas o con la posibilidad real de que esa preferencia se convierta efectivamente en una decisión de compra, ahí va un dato de negocio determinante: la revista Forbes  acaba de publicar que el retorno de la inversión de las marcas que trabajan con un propósito social y medioambiental, y respetuosas con la comunidad, ha sido durante los últimos 10 años, de un 1025% frente al 122% de las empresas que pertenecen al índice Standard & Poor´s 500. Voilá, el consumidor elige y las empresas responden.

Venimos de una larga historia en esto de vincular negocios y ética. Empezamos hace muchos años con lo que se denominó “marketing con causa” en el que las compañías asociaban su marca a causas benéficas. Un ejercicio de marketing que con el paso del tiempo se denostó por su carácter poco sustantivo. En su versión moderna el “marketing con causa” se ha transformado en lo que se conoce, y se critica igualmente mucho, como “green wash” o lavado de cara verde, que muchas compañías están realizando para empezar a tener un atributo verde en su posicioamiento. Continuamos con la Responsabilidad Social Corporativa, la famosa RSC, que comenzó a meter en el corazón del negocio la preocupación por la comunidad y el medioambiente. Hoy ambas fórmulas están totalmente superadas por nuevos modelos, más comprometidos, más profundos, y sin duda mucho más exigentes. Hablo del capitalismo consciente y de las empresas BCorp. Como dice Xavi Roca-Cusachs, fundador de Humanleadership.net, el capitalismo consciente es el quéy las BCorp es el cómodel nuevo y necesario comportamiento de las empresas.

Las empresas BCorp, son empresas que no sólo pasan un proceso de auditoria para poder certificarse como tales, sino que para poder hacerlo deben trasladar a sus estatutos el compromiso de que ninguna decisión empresarial puede ir en contra del planeta, de la comunidad, del medioambiente y de los trabajadores. BCorp se ha convertido en un movimiento que, con orígenes en Estados Unidos, se ha extendido por todo el mundo hasta el punto de que no sólo el país americano sino otros países como Colombia o Italia han realizado legislaciones que estimulen a sus empresas a convertirse en BCorp. Forman parte del movimiento BCorp empresas como Danone, Patagonia, Bens&Jerry, y las españolas Ecoalf, Ethikos, o Alma Natura. Nos encontramos sin duda en el movimiento que cambiará la forma de entender los negocios en el siglo que todo lo está cambiando.

El próximo 7 de Noviembre se celebra en el auditorio de Etopía en Zaragoza el BCorp Day, encuentro nacional de empresas BCorp en España, organizado por BCorp Spain y BCorp Lab, y que, abierto al público, será una enorme oportunidad para conocer este movimiento y sus valores. Necesario para empresas y para consumidores. Nos jugamos mucho de nuestro futuro en cómo será el consumo y las empresas de los próximos años. Empecemos por apostar por las mejores empresas para nuestro mundo.

Carlos Piñeyroa Sierra.

Director de Init Land e Innovación Abierta de Grupo Init. Free Lance en innovación de dirección de personas.

Publicado el 5/11/18    // Temas: Sin categoría

Servicios públicos 4.0

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Septiembre en la sección Opinión Tribuna Abierta

No tengo coche. Viajo en transporte público. Y viajo bastante. En Madrid ya sólo uso Cabify. En Zaragoza, por razones obvias, sólo uso el taxi. He tenido en ambos casos experiencias agradables y no tan agradables. Nada es blanco o negro, todo tiene sus matices. De Cabify, y el resto de compañías bajo licencias VTC, me quedo con su capacidad para fijar el precio de antemano, de conocer los tiempos de llegada, de la posibilidad de valorar al conductor, y sobre todo, por encima de todo, la experiencia de cliente. De los taxis me quedo con el conocimiento de la ciudad y su manejo de la misma para encontrar las mejores soluciones de movilidad llegado el momento de los atascos o las prisas. De Cabify no me gusta que, en cuanto han empezado a crecer, en algunos casos esa experiencia de cliente se ve resentida por una rutina que empieza a perder sus signos distintivos (ofrecer agua, preguntar si la temperatura es de tu agrado, preguntarte por la emisora que quieres escuchar,…). De los taxis no me gusta en general la experiencia de usuario (todo lo contrario del anterior…) y el hecho de que un mismo trayecto (en mi caso muy habitualmente desde mi casa a la estación del AVE) me cueste cada vez un precio diferente, con diferencias abrumadoras de hasta cinco euros por trayecto. En definitiva, tengo claro que, para mí, hoy por hoy, abiertas las dos puertas del coche, yo elegiría Cabify.

Pero todo esto como pueden suponer son mis gustos. Los míos. No se los puedo imponer a nadie. Pero, aún con todo, soy pieza fundamental de este puzzle. En la llamada guerra del taxi he transitado de ser el cliente, a ser la víctima. Pero no soy la víctima del taxi o de las compañías bajo licencia VTC. Soy la víctima de la nuestra Administración, de nuestro Gobierno.

La movilidad ciudadana es una materia sujeta a regulación. Son ya muchos años en los que la tecnología ha entrado de manera disruptiva en la forma en la que, hasta hace pocos años, nos desplazábamos. La tecnología ha sido y es un elemento de cambio de muchos modelos de negocio tradicionales. Estamos viviendo, y viviremos una enorme revolución. El cambio es todavía mayor, si, a la tecnología, le añadimos el enorme poder que hemos acaparado los clientes al exigir en la prestación de servicios un rol más protagonista, hasta el punto de derivar en el concepto de prosumer, o aquel que le dice a la compañía cómo quiere que se le presten los servicios que va a recibir. Tecnología y experiencia de cliente lo están cambiando todo.

Y ahí, lo que resulta inadmisible es que la Administración, a la hora de dilucidar sobre fórmulas de gestión de este cambio radical, se plantee, cómo únicos parámetros de decisión, la satisfacción de intereses corporativos, de unos y de otros, en vez de preguntarse qué es mejor para el ciudadano, qué es mejor para el destinatario final del servicio público de movilidad. Y más aún cuando esos intereses corporativos son confusos y alambicados, como ha puesto de manifiesto las informaciones aparecidas sobre que una parte importante de las VTC fueron compradas por taxistas, o que hay un alto negocio especulativo en el entorno de la compra de licencias VTC y de las licencias del taxi, que no lo olvidemos, ambas son licencias de servicio público, que luego son vendidas a precios millonarios, como si de propiedad privada se tratara.

Si hay algo propio de la vieja política, es pensar que, en un mundo que cambia tan rápidamente, la legislación debe seguir sirviendo a los mismos centros de interés. Necesitamos una política, una administración, 4.0, que considere la gestión de lo público como un proyecto emprendedor, innovador. Que sea capaz de experimentar, de iterar el proyecto preguntándole al cliente-ciudadano si el servicio le satisface y de no hacerlo, cómo puede mejorarlo. Y sobre todo, que incorpore la dualidad tecnología-experiencia de cliente como parámetros de ese servicio. Necesitamos que la gestión de los servicios públicos se aleje cada vez más de la satisfacción de centros de interés corporativos, y se centre en la ciudadanía y de lo que esta ciudadanía está hecha en cada momento. Porque ¿realmente creen que al ciudadano le importa si hay una o veinte licencias VTC? Al ciudadano lo que realmente le interesa es que el servicio público de movilidad se preste en las mejores condiciones posibles, adaptado a los cambios que ya vive en su vida cotidiana, y mejorando de manera permanente tanto su experiencia de cliente como las ventajas tecnológicas que lo hagan más sencillo, cómodo y fiable. Al ciudadano lo que verdaderamente le preocupará es no poder elegir, no poder decidir libremente qué servicio, de los que están en el abanico de posibilidades reguladas, le conviene más o se adapta más a sus necesidades de cada momento.

Una regulación que mira a intereses corporativos es una regulación que engaña al ciudadano, porque hace perder el foco sobre lo verdaderamente importante, que es el interés general y de la ciudadanía. Cuando se reconoce la existencia de una guerra comercial, y lo único que se mira es el interés de las compañías que prestan el mismo servicio, la víctima no es ninguna de ellas, la víctima es el ciudadano a quienes los tres, taxistas, empresas bajo licencias VTC, y Administración pública deberían servir. La tecnología y todo lo que ya sabemos sobre experiencia de cliente debería ser el norte para la prestación de unos servicios públicos que no pueden ser ajenos a la evolución de la sociedad, a la evolución de la propia ciudadanía a la que sirven. Y esto que es aplicable para la movilidad, sin duda, es aplicable para el resto de servicios públicos ¿no creen?.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land y Consultor en Innovación de Dirección de Personas

Publicado el 25/09/18    // Temas: Sin categoría

La generosidad, factor de innovación

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Agosto 2018 en la Sección Opinión Tribuna Abierta

Vivimos en un tiempo en el que las innovaciones son cada vez mayores, y la vida útil de estas innovaciones es cada vez menor, la innovación ha dejado de ser un coste, algo de lo que podías prescindir en tiempos de crisis, para asegurarse su posición como una inversión, algo imprescindible para, como mínimo, seguir donde estás. La regla de la Queen Red Race se hace realidad cada día en nuestras empresas: tenemos que ir más rápido que los demás, y que el propio contexto, si queremos permanecer, cuando menos, en el mismo lugar.

Por eso en este entorno de efervescencia el análisis de los factores que hacen que nuestros equipos, nuestras personas, nuestra cultura empresarial, sea cada vez más innovadora se torna como el hallazgo de la piedra Rossetta, que nos permita interpretar estos tiempos, y encontrar esos factores de éxito innovador.

A lo largo de toda mi vida he ido descubriendo sutilmente como hay un factor que no sólo es determinante para la innovación, sino, para el éxito de los equipos y organizaciones, por lo que tiene de cohesión y de generador de confianza mutua. Ese factor ahora ha sido corroborado por estudios americanos, que de forma empírica acreditan que esta intuición tiene sustento real. No hablo de inversión, no hablo de tecnología, no hablo de capacitación, y ni siquiera hablo de creatividad. El factor determinante para la cultura y el ejercicio de la innovación es la generosidad.

Greg Satell en su trabajo Mapping Innovation, elegido como el mejor libro de negocios de 2017 por 800 CEOs americanos, entrevistó a cientos de personas que, a lo largo de su carrera, habían desarrollado los más diversos productos y servicios que habían supuesto un cambio disruptivo en la sociedad o en el mercado. En todas ellas descubre, sorprendentemente, que fuera del estereotipo de arrogancia y de individualismo, la característica general de todas estas personas es la generosidad y el vivo interés por ayudar de manera desinteresada. Y descubre que, sin duda, la generosidad es un factor competitivo de la innovación. En esta misma línea, Laszlo Bock, ex vicepresidente de personas de Google, narra en Work Rules como el proyecto Oxígeno les llevó en Google a descubrir que, entre las características de los mejores líderes de su organización, se encontraba el dar poder a los miembros de su equipo y mostrar vivo interés por aquello que les ocupa en cada momento, con el ánimo de ponerse a su disposición.

En el ámbito de las relaciones personales o profesionales, la generosidad, es mi opinión, tiene su origen en el autoconocimiento y la curiosidad. El autoconocimiento porque nos permite reconocernos incompletos y necesitados de la complementariedad de los demás. La curiosidad porque es una fuerza que nos desplaza fuera de nuestros límites, con ánimo de experimentación y exploración. Pero fuera de lo que pudiera parecer, la generosidad no es de ejercicio fácil, a pesar de que todos nos definamos como tales. Como decía San Francisco de Asís “tanta paciencia y generosidad tienes como demuestres en tiempos de crisis, y no más”. De ahí que una buena prueba del algodón en nuestras relaciones personales y profesionales es reconocernos en aquellos momentos en los que alguien se acerca a nosotros para solicitarnos algo, para conocer nuestro trabajo, para compartirlo, o incluso para hacerles un favor…porque esa y no más es nuestra generosidad y por lo tanto nuestra ventaja competitiva cultural para la innovación.

Quienes ejercitan la generosidad a nivel organizacional o personal y profesional, saben que la generosidad es apuesta segura para conexiones improbables y éstas sin duda nos acercan cada vez más a la innovación.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land y consultor en Innovación de Personas

Publicado el 29/08/18    // Temas: Sin categoría

Referentes

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en la sección Tribuna en Julio 2018

Ha caído. Pero por que se ha ido. Mientras estuvo, todo fueron aplausos y aclamaciones. No importaba qué hiciera. Todos perdonaban sus errores. Todos envolvían sus defectos en lo que, en términos de selección de personas, se denomina “efecto halo”, es decir, no importa lo que hagas porque una característica tuya, la que sea, provoca un efecto positivo expansivo respecto del resto de tu comportamiento, de manera que todo de cuanto haces, o dices, está afectado por ese halo. Efectivamente, hablo de Ronaldo, y su salida del Real Madrid tras el mundial de futbol de Rusia. La sociedad española en general, al igual que a otros futbolistas de diferentes colores, le perdonó su fraude a Hacienda, su egocentrismo inusitado, su narcisismo esperpéntico, y su falta de sentido de equipo, en aras de una sacralización de su persona. Mientras estuvo, fue referente para muchos, para casi todos. No importaba lo que hiciera. El efecto halo todo lo podía. Pero ha bastado su salida del club, para que ese halo se rasgara y dejara en evidencia la persona real a quien habían considerado referente durante unos cuantos años. Y ahora todo es denostación, reproches, y arrinconamiento.

Tengo para mí, desde hace muchos años, que la realidad es poliédrica, y que apenas tenemos oportunidad de ver una o dos caras de una misma realidad, tantas como nos permite ver nuestra mayor o menor apertura a la realidad de los otros. Estoy convencido de que hasta el propio Ronaldo tiene caras ocultas que ponen de manifiesto una mayor humanidad, empatía, y sentido de pertenencia a un equipo. Quienes lo admiran realmente, hablan de su sentido de familia, de sus obras benéficas en silencio, y del esfuerzo personal por llegar a donde está desde una infancia dura y difícil. Todo por lo tanto es relativo, y nada es total y absoluto. La realidad siempre es poliédrica.

En la construcción de referentes, cuando eres niño o adolescente la mirada deslumbrada es al todo, no distingues ese carácter poliédrico de la realidad, sino que tomas la parte por el todo y el efecto halo despliega toda su onda expansiva, canibalizando cualquier atisbo de error en quien admiras. Cuando creces en edad, y a veces en sabiduría, aprecias que la realidad es poliédrica y que no todo es blanco o negro. Y precisamente, por esa dimensión holística, que aprecia los detalles y permite ver los recovecos de la vida, te lleva a huir de referentes lejanos, y encuentras en tu proximidad, en tu padre, en tu madre, pareja, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, … los verdaderos referentes de tu vida. Porque necesitas proximidad y cercanía para darle autenticidad a aquello que consideras tu referente. Normalmente la edad despierta igualmente en ti la compasión, por uno mismo, capaz de perdonarte aquello que te disgusta, tus zonas oscuras, aquello que no controlas; y compasión hacia los demás, compasión esta que se despliega normalmente sólo cuando uno se ha sabido perdonar a sí mismo, y ve en el otro la debilidad que uno mismo experimentó en sus propias carnes y fue capaz de perdonarse. Cercanía y compasión se convierten en dos claros aliados de la percepción holística de la realidad.

Por eso me preocupa que como sociedad sigamos estereotipando el efecto halo, especialmente en deportistas, especialmente en el fútbol, por lo que tiene de influencia en nuestros hijos y menores. Acompañar los procesos para descubrir los referentes más cercanos, para apreciar, en cercanía la enorme riqueza de quienes nos acompañan en nuestra vida cotidiana, y educar la mirada, poco  a poco, en la compasión en uno mismo, y para con los demás, quizás nos lleve a entender la realidad de una forma poliédrica, y aprender como sociedad a encontrar nuestros referentes, no por la cualidad que deslumbra, sino por un todo hecho de aciertos y errores, que en su balance total, lo consideremos digno de apreciar. Vale para todo. No sólo para el fútbol.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land y free lance en Innovación en Dirección de Personas

Publicado el 24/07/18    // Temas: Sin categoría

Diversidad mejor que igualdad

Artículo publicado en la Sección Tribuna de Heraldo de Aragón Junio 2018

Hace ya mucho tiempo, el Tribunal Constitucional, en una de las primeras sentencias que interpretaba el derecho fundamental de igualdad, decía expresamente: “Igualdad no significa tratar a todos por igual, sino tratar de forma desigual lo que es desigual”, contraviniendo con ello la extendida y equivocada idea de “café para todos” como paradigma de igualdad. Esta reflexión es tremendamente interesante, especialmente en estos momentos en los que tanto la sociedad, y la empresa, abordan soluciones y programas orientados a garantizar la igualdad.

La definición del Tribunal Constitucional evidenciaba, ya hace décadas, que la esencia misma de la igualdad es el reconocimiento y promoción de la diversidad. No podemos cometer mayor error que considerar que, la igualdad, es tabla rasa para todos. Por supuesto, establecer condiciones que garanticen la igualdad de oportunidades es fundamental, pero siendo necesario, no es suficiente. Es sólo el inicio de una partida que debe terminar en la exaltación de la diversidad.

Me genera mucha inquietud cuando en nuestra sociedad, o en nuestra empresa, se usan narrativas exclusivas de igualdad, y se desarrollan, únicamente, acciones cuyo objetivo es sólo generar la base de la pirámide de Maslow, olvidando el poder necesario y enriquecedor del estímulo de la diversidad. Más aún, en el ámbito empresarial, el estímulo de la simple igualdad es claramente insuficiente en el marco de la innovación, ya que ésta precisa, sin duda, de diversidad y promoción de la misma, para ser capaces de desplegar todo el potencial y curriculum oculto de nuestros profesionales.

Por eso me parece muy importante destacar algunos ejemplos de diversidad en diferentes ámbitos sociales y profesionales que de manera provocadora rompen ese malentendido techo de la igualdad como uniformidad. Recuerdo las palabras de Elena Giner, concejala de Participación del Ayuntamiento de Zaragoza en nuestras jornadas Coordinadas en las que hablaba de la necesidad de construir un liderazgo de la mujer, no para tapar los huecos del liderazgo masculino, sino para desplegar nuevas competencias y estilos en el liderazgo no vistos nunca antes, o en las mismas jornadas Carmen Magallón, Directora del Seminario de Investigación para la Paz, que desde su condición de física, desvelaba como la incorporación progresiva de mujeres a la investigación había abierto nuevas miradas y perspectivas en esta actividad, que había llevado a soluciones innovadoras en ámbitos regentados durante años exclusivamente por hombres.

En el ámbito de la empresa no dejen de conocer La Casa de Carlota estudio creativo que incorpora, en condiciones de igualdad, y potenciando la diversidad de miradas creativas, a personas con síndrome de Down o discapacidad intelectual. O el mismísimo Laszlo Bock, vicepresidente de personas en Google, quien en su libro “Work Rules” apuesta por pagar en salario fijo de manera desigual a profesionales del mismo nivel, rompiendo así el tabú de la equidad interna de todas las políticas retributivas empresariales, porque aboga por no pagar igual a quien es capaz de aportar un mayor valor. No es de extrañar que en la actualidad las compañías más innovadoras sean aquellas que están incorporando perfiles diversos y estimulan el trato diferente a quienes son diferentes, porque la innovación es sobre todo aristas, visiones y vidas diferentes, y oportunidad para evidenciar esa diversidad en espacios horizontales.

No lo olviden, avancemos hacia planes de diversidad y superemos, porque nos hará mejores, los planes de igualdad, que son sólo el primer paso de esta apasionante aventura social y empresarial.

Carlos Piñeyroa Sierra. Director de InitLand y free lance en innovación en dirección de personas

Publicado el 25/06/18    // Temas: Sin categoría

Becas universitarias y cultura del esfuerzo

Artículo publicado en la sección de Opinión Tribuna de Heraldo de Aragón en Mayo 2018

Recientemente el Gobierno de Aragón ha aprobado unas ayudas por las que beca a estudiantes universitarios que aprueben más la mitad de los créditos correspondientes a un curso universitario, para que la segunda matrícula les resulte gratis en aquellas asignaturas que no han superado. De igual manera el Gobierno de España ha reducido en días pasados el nivel requerido para la obtención de becas del Ministerio de Educación, pasando de la exigencia de una nota media de seis a la nota media de cinco para obtener dichas becas.

Estos son sólo dos ejemplos de cómo se está instaurando en nuestra sociedad y política la creencia profunda de que más que promocionar una cultura del esfuerzo, debemos rebajar los estándares de exigencia y de logro de nuestros jóvenes. Para ello se invocan criterios de igualdad y de lucha contra la exclusión. Craso error. Apelar al criterio de igualdad con estas ayudas implica hacer tabla rasa con los jóvenes que peor o más mediocre desempeño tienen en sus estudios, en vez de hacerlo con aquellos que mejores resultados tienen. ¿Se imaginan qué estará pensando aquella persona que esté superando todos los años cada uno de los cursos universitarios, con el único apoyo económico de su familia?. En frente se encuentra a personas que no aprueban todo el curso y se les beca, o que aprueban, con un cinco raspado, y se les beca.

Apelar al criterio de la inclusión social es igualmente engañoso. En la actualidad todas las teorías sobre motivación descartan las retribuciones dinerarias, motivación extrínseca, como elemento de sostenibilidad de la motivación, potenciando sin embargo la motivación intrínseca como fuerza y motor de la acción sostenida en el tiempo. Lean en este sentido el apasionante libro de Daniel Pink “Drive” y verán como las más prestigiosas universidades americanas y europeas no tienen ninguna duda al respecto. Entonces ¿qué es más productivo para la sociedad, becar a jóvenes cuyo esfuerzo y resultados son mediocres, para evitar caer en exclusión, o potenciar la motivación intrínseca para que cada joven encuentre el sentido de su vida y oriente su esfuerzo en la consecución de su logro personal?. Vean el enorme y extraordinario trabajo de las entidades sociales de nuestro país y sus programas de inclusión en el empleo y comprobarán esto que les digo.

Si no potenciamos la cultura del esfuerzo, narcotizamos a nuestros jóvenes. Y lo hacemos con el narcótico de la asistencia, de la mediocridad como norma, y de la falta de asunción de la responsabilidad personal. Algo totalmente contrario a lo que el mundo empresarial y laboral demanda hoy: jóvenes comprometidos con su pasión personal, que se forman más allá de las exigencias del puesto de trabajo, que asumen la superación como crecimiento personal, y que están ávidos de conocimiento personal y profesional, haciendo todos los sacrificios necesarios para lograrlo. Y jóvenes así, créanme, los hay, y muchos.

No se trata por tanto de un problema de igualdad o de lucha contra la exclusión, se trata de en qué creemos como sociedad y cómo lo que hacemos trasluce nuestras creencias más profundas. Me niego a creer, como ciudadano, que la sociedad en la que vivo, considera que sus jóvenes merecen estar asistidos y subsidiados en los niveles, no ya mediocres, sino mínimos en su desempeño. Creo, y lo digo sinceramente, que podemos y debemos exigir más a nuestros jóvenes, porque tienen capacidad más que suficiente, y que debemos premiar el esfuerzo, con altos estándares de desempeño, porque sólo así avanzaremos como sociedad en este mundo tan complejo y exigente.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land

Consultor Free Lance en Innovación y dirección de personas

Publicado el 2/06/18    // Temas: Sin categoría

Tener un propósito

Publicado en Heraldo de Aragón en la sección Tribuna en Abril 2018

Nuestro paisano Carlos Barrabés, una de las personas más influyentes en nuestro país, y fuera de él, en todo lo relativo a cambio y transformación digital, ha publicado recientemente una reflexión sobre el abordaje de estos tiempos de tanta liquidez e incertidumbre, que ha glosado con el término Meaningful Innovation. En ella propone la necesidad de recuperar el sentido del propósito de la especie humana, para orientarnos en este proceso de cambio con un norte claro, que él considera que son los ODS. De lo contrario, afirma, la ausencia de un propósito puede llevar a la Humanidad a un destino no deseado y repleto de consecuencias a evitar.

Lo que Carlos Barrabés plantea para la Humanidad, Simon Sinek en su extraordinario y sencillo libro “La Clave es el por qué”, ya lo planteó respecto de las organizaciones, descubriendo, y advirtiendo a su vez, que aquellas organizaciones que saben para qué existen y tienen un sentido del propósito claro, curiosamente son aquellas que triunfan en tiempos de incertidumbre. Porque, insiste Simon Sinek, en tiempos de incertidumbre como los actuales, no importa lo que haces, ni siquiera cómo lo haces; lo que verdaderamente importa es para qué lo haces. Y cuando conectas tu propósito organizacional con el propósito de las personas de tu organización, entonces surge esa identidad corporativa en el que las personas se mueven por lo que les mueve y apasiona internamente siendo una fuente inagotable de empuje y logro personal y organizacional.

El propósito. La razón por la cual existimos. La razón que marca nuestros pasos y consigue que tomemos unos caminos y no otros. La razón que moviliza nuestra pasión y nuestra motivación interna como energía renovable e inagotable. El propósito en la Humanidad, en las organizaciones, … pero también en la persona, en singular.

Hasta tal punto es relevante el propósito personal que incluso el modelo educativo finlandés ya estableció hace muchos años la posibilidad de que sus estudiantes disfrutaran, una vez terminados los estudios, de un año “sabático” con la intención de encontrar su lugar en el mundo, su razón para existir, la conexión entre todo lo aprendido y la acción que con su trabajo generará un impacto en el mundo. Es lo que ahora los americanos llaman “gap year” y que tan frecuente se está convierto en el país americano, quizás debido a ser los más conscientes de que el mundo cambia a una velocidad de vértigo y es necesario encontrar el norte personal.

Y es que como dice Carlos Barrabés, todo cambia tan rápido, que el propósito es lo único que no debe iterar. Estamos cada vez más acostumbrados a “surfear” la ola, olvidándonos de que lo importante es mojarse, sentirse parte de algo más grande. El mundo en el que vivimos necesita tecnología sí, y sin duda la tecnología acelera el cambio. Pero no es lo sustantivo, sino lo adjetivo. Lo sustantivo somos nosotros, y lo sustantivo requiere de tiempo, de espacio, de serenidad, de consciencia, que nos permita tener claro nuestro norte. Personal, organizacional y como Humanidad.

Vivimos tiempos de incertidumbre, pero la única certeza somos nosotros. Cuanto más tiempo dediquemos a ser conscientes de nuestro propósito, personal, organizacional y como Humanidad, más probabilidades tendremos de ser felices y hacer felices a los demás. Está en nuestras manos.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land y free lance en Innovación en Dirección de Personas.

Publicado el 10/05/18    // Temas: Sin categoría

Tiempo de silencio

Post para LinkedIn (excedo caracteres ;-)

He dudado mucho sobre si escribir este post o no. Siempre que escribo y leo en esta red, se basa en lo que hago o hacen los demás. Pero ahora no se trata de hacer, sino de ser. He pedido una excedencia de dos meses. Una parada vital. Un mes estaré en Jerusalem en una comunidad de Jesuitas, con una mirada interior, de agradecimiento a Dios y la Vida por estos 47 años llenos de verdadera vida, y por otro lado de ilusión y predisposición para lo que tenga que venir en los años siguientes. El siguiente mes estaré de “descompresión” y cumpliendo algunos sueños en lo “concreto”.

Trabajo en una organización, Init, que entiende profundamente esta necesidad de “parar para poder continuar”, algo que les agradezco enormemente, y en especial a Joxean Sáez de Ocáriz, nuestro CEO, y a todo mi equipo de Initland que sostendrán mi ausencia. Pero tengo para mí que esta no es sólo mi necesidad. Cada vez más surfeamos la ola, sin mojarnos, sin sentir, sin disfrutar. Y necesitamos recuperar nuestro sentido de la existencia para poder mojarnos. Necesitamos testar permanente nuestro para qué existimos, nuestro propósito vital, para ser conscientes de cada decisión de cada acción. Y tenemos que preguntarnos también si el propósito de nuestra organización es consecuente y coherente con nuestro propósito personal. Carlos Barrabés ya lo viene diciendo hace unos meses, “en estos tiempos que vivimos, todo puede iterar menos el propósito organizacional”. Y yo añado: y es fundamental que el propósito personal esté alineado con ese propósito organizacional, porque en un mundo tan volátil y cambiante, necesitamos sentir que nuestra existencia es consecuente con aquello que somos y deseamos.

Tiempo de silencio, tiempo de mirada interior. En un mundo que todo cambia, el norte eres tú. Dediquemos, pues, tiempo para ser conscientes de ese norte, quererlo, y ser consecuentes.

Carlos Piñeyroa

PD: En este tiempo de silencio para cualquier cosa que tenga que ver con trabajo contactad con:

Consultoría Init: Teresa tsanchez@theinit.com

Incubación Zaragoza: Romy romy@ciemzaragoza.es

Incubación Bilbao: Arantza asaezdeokariz@theinit.com

Próxima edición de Concéntricos: Manuel mbadal@ceste.es Mar sdp@ceste.com

Asociación ¿hablamos? Sara info@asociacionhablamos.es

Publicado el 6/04/18    // Temas: Sin categoría

Innovación abierta…abiertos a innovar

Publicado en Tribuna de Heraldo de Aragón en Marzo 2018

En un mundo en que todo evoluciona tan rápidamente y la vida útil de las innovaciones es cada vez menor, está claro que innovar ya no es una opción. El contexto nos exige innovar, ser creativos y audaces, y no sólo en lo que hacemos sino también en cómo lo hacemos.

En el ámbito de la innovación hemos pasado por diferentes estadios que yo tengo a bien resumir de la siguiente manera: una primera fase en el que la innovación se encasilló en un departamento, cabezas pensantes al servicio de toda la organización, con la evidente desventaja de arrinconar el proceso innovador en una esquina, por importante que ésta fuera, de la propia organización. La irrupción de las start ups llevó a las grandes corporaciones a querer emular ese mundo de proactividad y asunción de riesgo, y muy en el estilo de lo que “habíamos hecho siempre” se pensó que la innovación disruptiva se solucionaba comprando pequeñas e incipientes start ups como si de empresas grandes se tratara. Ahí tenemos el ejemplo de Telefónica comprando, y hundiendo, a Tuenti, por haber fagocitado todo el espíritu innovador de la start up, sin haber comprendido que innovar en el siglo XXI requería de fórmulas diferentes que se alejasen del modelo de poderoso caballero es don dinero. El siguiente estadio fue incorporar a las start ups en la propia organización, el corporate venture, cuyo objetivo fundamental era traer a las start ups a tu propia organización con el ingenuo ánimo de que, por estar dentro de ti, tus propias estructuras cambiarían de manera natural, y favorecerían el cambio de relaciones internas y externas, sin más. Y así hemos visto en estos recientes años, meses, infinidad de empresas con sus propios “garajes” de start ups, sus incubadoras corporativas, o sus espacios de trabajo “coworking” más orientados a un cambio estético que sustancial, en las que, si rascas un poco, todo sigue igual…pero más moderno, eso sí.

Innovar hoy sólo es posible haciéndolo desde la innovación abierta. No se trata de “fagocitar” ni de “comprar”, se trata de ponerse en pie de igualdad entre diferentes agentes para analizar la realidad poliédrica desde diferentes ángulos, y, entre todos, encontrar soluciones nuevas a viejos retos o problemas. La innovación abierta reclama posiciones iguales, donde, no unos saben mucho y muchos no saben nada, sino donde todos tienen algo que aportar. Y el resultado de ese plano de igualdad son ecosistemas de innovación, verdaderos organismos vivos, donde cada parte es esencial para la vida del sistema, y donde cada parte preserva su singularidad. Ecosistemas en los que grandes empresas, pymes, start ups y mundo educativo son capaces de orientarse hacia un reto común, donde todos ganan, y todos aprenden, sin pérdida de su singularidad y sin ejercicio de posiciones dominantes.

La Innovación abierta requiere además de la presencia de las administraciones públicas, como marco regulatorio o como facilitador. Administraciones que a día de hoy ni están ni se les esperan. El ayuntamiento de Zaragoza todo lo bien que lo hace en el ámbito social, lo hace mal en el ámbito empresarial en el que carece de una estrategia, no voy a decir clara, sino una estrategia en sí. Del Gobierno de Aragón se puede decir exactamente lo mismo, o peor, anclado en viejas formas que están no sólo lejanas de la innovación abierta, sino del propio concepto de impulso de la innovación y la generación de estructuras para su desempeño. Y del Gobierno de España poco se puede esperar cuando en reiteradas ocasiones ha renunciado a participar en encuentros de innovación abierta en el ámbito del ahorro o en energía, calculando más el momento y la oportunidad política que la imperiosa necesidad de avanzar hacia nuevos productos y servicios mediante la colaboración transversal de todo el tejido productivo.

Lo vamos a ver, lo estamos viendo, la innovación abierta, los ecosistemas de innovación son la clave de nuestra competitividad y de nuestra capacidad para aprender. La pregunta es…¿estamos abiertos a innovar?.

Carlos Piñeyroa Sierra

Director de Init Land. Free lance en Innovación en la Dirección de Personas

Publicado el 14/03/18    // Temas: Sin categoría