Artículo publicado en la sección Tribuna de Heraldo de Aragón en Abril 2026
Déjenme que les cuente una historia más habitual de lo que parece: una persona trabaja en centro de intervención social cuidando a personas en situación de vulnerabilidad. Esta persona discute con otra, compañera de trabajo, llegando casi a las manos. La empresa realiza un proceso de diálogo para aclarar lo ocurrido y establecer reglas de comportamiento futuro que eviten estas situaciones. Ambas llegan a un acuerdo pero una de ellas pide que la otra sea sancionada antes de firmar el mismo. La empresa se niega por haber una corresponsabilidad en lo ocurrido. Manifiestamente molesta, esta persona acude al médico y le otorga la baja médica por su estado de nerviosismo.
Para sustituir a esta persona, la empresa contrata a una nueva persona, que, fatalidad de la vida, en una manipulación de cargas, se lesiona y debe ser sustituida por una nueva contratación.
La baja de la primera persona se ha convertido en baja de larga duración transcurridos doce meses de ausencia, y la baja de la segunda persona va camino de convertirse igualmente en larga duración tras siete meses de ausencia.
¿Quién paga realmente las bajas laborales?. La Seguridad Social, se dirá, seguramente. Pero, pongamos la lupa, para ver exactamente quien es el pagador de estas ausencias.
La Seguridad Social se dota de un presupuesto propio de este organismo (no de los presupuestos generales del Estado). Este presupuesto se nutre, para las bajas laborales, exclusivamente de las cotizaciones que pagan la empresa y el trabajador. El porcentaje que aporta la empresa suele ser un 30% de la retribución bruta del trabajador, mientras que la del propio trabajador suele ser un 6% de esa retribución. El presupuesto de la Seguridad Social por lo tanto se configura, fundamentalmente, por las aportaciones empresariales.
Cuando una persona está de baja, sin entrar en casuísticas ni disquisiciones, la Seguridad Social abona la mayor parte de las prestaciones por incapacidad temporal, es decir, por lo que conocemos como “baja”. La empresa no está exenta de responsabilidades durante el tiempo de la incapacidad temporal, ya que tiene que seguir cotizando por el 30% de la retribución bruta del trabajador en baja, algo que no sigue haciendo ya el trabajador, y además, si el convenio de aplicación así lo establece, complementará la prestación de incapacidad hasta alcanzar el salario habitual del trabajador (normalmente un 25% más a lo que ya paga la Seguridad Social). En nuestro caso, la empresa, está cotizando y complementando el salario por convenio durante todos los días de baja del primer trabajador en baja por nerviosismo, simultáneamente, cotiza y complementa la prestación durante todos los días de baja del segundo trabajador lesionado por manipulación de cargas, y finalmente, cotiza y abona el 100% del salario por el tercer trabajador, que sustituye al anterior.
Así a bote pronto, la empresa está pagando la mayor parte del presupuesto de la Seguridad Social con el que se abonan las prestaciones por incapacidad temporal de este organismo, sigue cotizando cuando el trabajador está de baja, abona el complemento de convenio durante la incapacidad temporal para que el trabajador no pierda poder adquisitivo, y cotiza por y abona la totalidad del salario del trabajador que finalmente sustituye a quien está de baja.
A esta empresa, un puesto de trabajo que inicialmente costaba un salario más una cotización a la Seguridad Social, le sale por un salario, tres cotizaciones a la seguridad social, dos complementos de convenio de la prestación por incapacidad y un salario bruto anual. Y ahora díganme ¿realmente creen que las pymes españolas (95% del tejido productivo español) pueden asumir esto? ¿realmente creen que un autónomo singular o societario va a crear empleo con esta espada de Damocles encima?, ¿no estamos dejando al empleador a los pies del caballo?
Así que cuando oigan en las noticias que el absentismo o las incapacidades temporales en España crecen desproporcionadamente y cuestan mucho dinero…no crean que ese dinero viene del Estado….viene de la empresa, y vienen a constituir una razón de mucho peso para la creación de empleo, la productividad, y la prosperidad de la sociedad española. Y ahora que lo saben ponderen el cuento infantil de que la empresa, la pyme, el autónomo que genera empleo, es el malo de la película porque no quiere pagar…Poco nos pasa.
Carlos Piñeyroa Sierra
Consultor en Economía con Sentido