Artículo publicado en Tribuna Abierta en Heraldo de Aragón en Septiembre 2026
Necesitaba hacer un trámite en el Registro Civil de Zaragoza, que era condición sine qua non para un trámite posterior. Era la primera vez que me dirigía al Registro Civil. Me informé y era necesaria la cita previa. Así que accedí a la página web del Registro Civil y lo intenté. Lo intenté tantas veces, que finalmente desistí. Decidí ir a los medios tradiconales, convencido de que al otro lado del teléfono siempre hay alguien. Pero no lo había. Así que, (esto es lo que tiene tener el carácter combativo del sector social), comencé a escribir y llamar a la Administración del Estado (el Registro Civil depende de ella) para que me pudieran dar pasarela con alguien al otro lado. Llamé a la Gerencia Territorial de Justicia, y nada pudieron hacer, aunque me recomendaron seleccionar en la web un trámite diferente al mío, para por lo menos acceder al recinto, y ya ahí buscarme la vida. Escribí al Justicia de Aragón quien muy amablemente y con mucha celeridad me dijo que, el Registro, es Administración del Estado, por lo que no está entre sus competencias, pero que, no obstante, lo pondría en conocimiento de la misma, dada la reiteración de quejas en este sentido. Así que volví a la web. Y regresé con la paciencia de un santo, intentándolo en todo momento, por la mañana, por la tarde,…por la noche…llegué a buscar en Google la mejor hora para sacar cita previa en el Registro Civil, “los jueves a la tarde sacan las plazas”…así que ahí estuve…hasta que al final, estando un día en el servicio, aburrido, mirando el móvil, la cita previa se abrió a mi vida. Cuando tuve oportunidad de estar presencialmente en el Registro Civil la funcionaria textualmente me dijo: “has tenido mucha suerte, has esperado poco, un mes y medio es nada, no cogemos el teléfono”.
Hace un año tuve que pedir cita previa de nuevo en la Administración del Estado, en la Seguridad Social. Misma historia, pero en esta ocasión con queja al Defensor del Pueblo (es Administración del Estado). En mi queja, haciendo gala, una vez más, de mi perfil de sector social, hice diversas propuestas del estilo: el sistema de cita previa debería complementarse con cita presencial, si no hay citas, dímelo desde el principio y no me hagas perder el tiempo, si no hay citas disponibles dime a qué periodo te estás refiriendo, si no hay citas disponibles hoy, pon una alerta en mi correo y dime el momento en el que se abren de nuevo las citas disponibles, si no hay citas hoy, pon una lista de espera, y asume tú la responsabilidad de llamarme o avisarme, y en general, te digo, que no es admisible que el ciudadano para ejercitar el derecho de información que le asiste, tenga que perseguir a la Administración. Los servidores públicos sirven a la ciudadanía, no al revés.
Déjenme que les transcriba literalmente parte de la carta de respuesta del Defensor del Pueblo a mi queja: “Esta institución ha puesto de manifiesto a las distintas administraciones implicadas que la cita previa para la atención al ciudadano puede ser una vía preferente de atención, pero no un requisito absoluto. Además, se ha subrayado que en cualquier ámbito de actuación, la brecha digital genera personas vulnerables digitalmente y ello hace necesario concienciar a los organismos públicos de que la existencia de medios electrónicos en el funcionamiento administrativo es solo un canal alternativo, no excluyente ni obligatorio, de las relaciones con las distintas administraciones”.
Hace un mes el Gobierno de Aragón a través de su Vicepresidente Alejandro Nolasco, comunicó a la ciudadanía la supresión de la cita previa en diversos trámites de su Consejería de Bienestar. Se ha armado un cierto revuelo al respecto. Pero esto no es ideología, esto es sentido común, porque, en el arco de opciones, la cita previa per se, de manera aislada y exclusiva, es obvio que perjudica siempre al ciudadano. Porque, ¿cómo sino el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo iba a estar de acuerdo con el Vicepresidente del Gobierno de Aragón Alejandro Nolasco?. Sólo cabe pensar que es sentido común, sentido de servicio al ciudadano, independientemente de las ideologías. Y me pregunto, ¿no es eso lo que necesitamos los ciudadanos, sentido común en la política?.
Carlos Piñeyroa Sierra
Consultor en Economía con Sentido.