Artículo publicado en Heraldo de Aragón en sección Tribuna en Junio 2026
No es un oxímoron. Es una realidad. Hay un problema de la vivienda del que nadie te está hablando. No, no es imposible. Es totalmente posible, pero no lo quieres ver, no lo queremos ver, no nos lo quieren enseñar, no nos lo van a enseñar.
En España el problema de la vivienda se ha convertido en un problema universal. Pero una vez más la universalidad deja en los márgenes a los últimos de entre los últimos. Si simplificamos nuestra sociedad, podemos hablar de estratos sociales de normalidad, vulnerabilidad y pobreza extrema. La normalidad, para el mayor porcentaje de la población. La vulnerabilidad para lo que conocemos como trabajadores pobres, personas que aun trabajando, teniendo rentas pasivas o activas, no alcanzan para vivir dignamente. Y pobreza extrema, el resto, ese conglomerado de personas que o bien viven en la calle, o en recursos habitacionales indignos, o fluctúan de un lado a otro de los recursos residenciales, incapaces de poder estabilizar sus vidas.
Tres niveles de la sociedad de los que sólo vemos uno: la normalidad.
En materia de vivienda ocurre lo mismo. En la actualidad el problema de la vivienda está centrado en la normalidad: todas las medidas de nuestros gobiernos se dirigen a ellos, a nosotros: liberalización de suelo, más VPO, rebaja fiscal,…y está muy bien, porque además de resolver el problema en lo sustantivo, atenúa la presión que las insuficiencias de la normalidad ejercen sobre los vulnerables y los últimos. Pero son medidas insuficientes. Si la vivienda es un derecho, y como tal, debe considerarse una misión, un servicio público, las medidas no deberían ser exclusivamente para ese estrato de la sociedad. Porque es injusto, porque es poco equitativo, y porque, cuando se lleguen a materializar, la presión ejercida hacia abajo habrá dejado a miles de personas fuera de un recurso habitacional.
En Zaragoza alquilar una habitación cuesta ya 350€ y una vivienda de dos habitaciones 750€. Cuando el Ingreso Mínimo Vital por hogar (prestación estatal, a través de la Seguridad Social) es de media 470€ y la Renta Mínima de Inserción (RMI) es de media 575€, poder alquilar una habitación se convierte en un lujo incomprensible para miles de personas.
Son necesarias políticas públicas más comprometidas con los últimos de entre los últimos. En la actualidad las administraciones públicas aragonesas y españolas obvian esta realidad: infra financian a las personas, e infra financian a las entidades sociales que nos dedicamos al acompañamiento de los últimos entre los últimos. Y crean costes ocultos de lo que debería ser un servicio público, haciendo que la sociedad y las entidades sociales tengamos que aportar de nuestros fondos para poder sostener a estos miles de personas que, como nosotros, forman parte también de la sociedad española. Costes ocultos que no se explicitan en las ruedas de prensa políticas de presentación de servicios, y que con descaro se callan en las negociaciones de convenios, como si las entidades sociales tuviéramos la obligación de atender, de financiar,… algo que es y debe ser un servicio público.
La Provincia de España Este de las Hijas de la Caridad acabamos de presentar en toda España la denuncia profética “El desconocido problema de la vivienda del que nadie te habla”. Puedes ver con detalle preciso toda la información y denuncia en https://improntas.org/denuncia-profetica donde podrás, al menos, acercarte a este problema de la vivienda, del que nadie te habla.
Porque es necesario. Porque es justo. Porque como ha dicho Leon XIV debemos volver al reconocimiento de la dignidad humana, al reconocimiento de la humanidad de todas y cada una de las personas del planeta.
Carlos Piñeyroa Sierra
Director General de las Obras de la Provincia España Este de las Hijas de la Caridad