Artículo publicado en Heraldo de Aragón en Agosto 2026 en sección La Rotonda
Cuando un gobierno como el de Marruecos, alienta, permite, inspira la movilización de miles de personas en aras de un interés político, está enviando un mensaje muy claro de que prioriza el interés geopolítico por encima del interés de las propias personas a las que sirve.
Cuando un gobierno como el de España, permite, no desalienta, no contrarresta la movilización de miles de personas en aras de un interés político, está enviando un mensaje muy claro de que prioriza el interés geopolítico por encima del interés de las propias personas a las que sirve.
No, no es un error por repetición, es la asunción de una doble responsabilidad por igual de dos gobiernos que han hecho del interés geopolítico una prevalencia, absoluta y descarada, por encima del interés humano.
Un interés geopolítico que se ha llevado por delante la vida de al menos cien personas, que ha agitado a miles de personas como si fueran armas arrojadizas contra un país vecino, y que ha consolidado ciudadanías de primera y de segunda (o ¿alguien puede imaginarse la invasión de Madrid o Barcelona por una población prácticamente igual a la de sus residentes, sin que el Gobierno de España actuase de manera inmediata?).
Hoy nos quedan sólo los rescoldos de este pulso de fuerzas geopolíticas. Y el precio que se ha pagado es el de siempre: vidas de los nadies, vidas enteras, que terminan en muerte, familias destrozadas en la pena de no saber dónde están sus hijos, sus maridos, sus hermanos,… y vidas truncadas en la esperanza azuzada y una vez más negada, esperanza utilizada y vilipendiada por quienes no tienen escrúpulos en tratar a las personas como cosas, como balas, detonadas con la pobreza y miseria generada por ellos mismos…y vidas que ahora quedan arrojadas en las playas, como esas zapatillas en la arena tras el naufragio, objetos inertes, que nadie quiere, pero que están, que existen… y vidas de quienes se creían ciudadanía plena, ciudadanía europea, en igualdad de derechos y libertades que la de sus semejantes, que hoy dudan de si su ubicación les denuesta a un nivel inferior, inseguros, desprovistos de la seguridad del mañana.
Una vez más, la ciudadanía, el ser humano, vuelve a ser el último. Quienes gobiernan responden a sus intereses, los suyos, que no son los nuestros, no al menos los míos. Anuncian, a ambos lados de la frontera que todo esto ya ha terminado….pero quedan cien muertos en la morgue, tres mil personas en las playas de Ceuta, setenta mil personas que regresan a sus ciudades de origen con la sensación, una vez más, de haber puesto todo en riesgo para nada, y ochenta mil ciudadanos ceutíes con la duda en el corazón sobre el mañana, no sólo para ellos sino también para sus hijos.
Y mientras tanto, el resto del mundo, el resto de seres humanos, nadies en su mayoría, miran con perplejidad lo acontecido, reaccionan de manera inmediata con la compasión que lo humano siempre, o casi siempre, despierta. Miran con ojos de compasión, no ven balas, no ven armas, no ven menas, ni inmigrantes, ven personas, a las que ayudar, a las que compadecer, a las que abrazar,… Lo humano llama a lo humano, y desprovisto de intereses espurios, surge la humanidad que nos hace diferente a los animales.
Pero todo ha terminado, dicen nuestros y sus gobernantes… una muestra más de la falta de humanidad y del desprecio absoluto por la vida humana. Sólo queda un mar en calma. En tierra, todo sigue revuelto, pero es la revuelta de los nadies,…una vez más, una revuelta que a nadie importa.
Carlos Piñeyroa Sierra
Consultor en Economía con Sentido